Una testigo sin nombre

Investigar un asesinato terrorista cuando han pasado más de dos décadas no es fácil, ni mucho menos. Los testigos desaparecen e incluso mueren. Los documentos se estropean, se pierden o son destruidos. Las pruebas se desvanecen. Sin embargo, en ocasiones, una llamada puede cambiarlo todo

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Trascripción

Intro:

En 1993 ETA mató a mi padre en un atentado terrorista. Durante 20 años no hice nada por saber la verdad. Ahora, y después de una larguísima investigación, sé que hay mucho más de lo que me contaron. Ésta es la historia.

VOZ EN OFFSIN MÚSICA

Investigar un asesinato terrorista cuando han pasado más de dos décadas no es fácil, ni mucho menos. Los testigos desaparecen e incluso mueren. Los documentos se estropean, se pierden o son destruidos. Las pruebas se desvanecen. Sin embargo, en ocasiones, una llamada puede cambiarlo todo.

FIN VOZ EN OFF CORTE / Efectos PABLO

Después de publicar la primera parte de la historia sobre la investigación del asesinato de mi padre, me quedé hecho polvo. Perdí 22 kilos en dos meses, en los que vomitaba sin parar. Tenía calambres muy dolorosos en la parte derecha de mi cuerpo. Perdí memoria y la capacidad de leer y escribir. Estaba desesperado.

Me puse en manos de médicos, psiquiatras y psicólogos. Iba a reuniones en hospitales, tomaba un montón de pastillas. Unos meses de baja médica más tarde, quedé desvinculado de EL ESPAÑOL.

RAFAGA-EFECTOS

Muy poca gente lo sabía entonces, creo que ni siquiera mi abogado lo sospechaba. En los textos de la serie había metido unos cuantos mensajes ocultos. La idea era que determinadas personas se pongan en contacto conmigo. Como si fuera una película de detectives. De locos.

Traté de mover la historia por varios medios: radios, televisiones... Necesitaba que el mensaje llegase a quien tenía que llegar. ¿Quizá un nuevo testigo? ¿Un político? ¿otro policía? Estaba agotado física y mentalmente, al límite de mis fuerzas.

RAFAGA-EFECTOS

Algunos me preguntaron por qué publiqué la historia ahora, cuando no estaba cerrada del todo. Sólo tenía pruebas de que García Corporales había sido uno de los miembros del comando que mató a mi padre. Él resultó investigado, sí, pero ¿hasta cuándo

Una de las razones que me impulsaron a publicar fue intentar proteger a quienes me estaban ayudando entre bambalinas: si sacaba las crónicas, cualquier intento del juez por saber de dónde sacaba la información iba a chocar con el muro del derecho al secreto de fuentes. Pero estaba tan cansado…

RAFAGA-EFECTOS

De repente, sucedió el milagro. En noviembre de 2016 recibí una llamada de un policía retirado.

FIN PABLO CORTE POLI CORTE VOZ DISTORSIONADA 1

“En la fecha de autos era de la Brigada Provincial de Información de Madrid” (ocultamos nombre y placa, claro).

[OJO, ES MUY LARGO. HABRÁ QUE CORTARLO. DISCUTIR CON PRODUCCIÓN] FIN CORTE POLI CORTE VOZ DISTORSIONADA 1 PABLO

Este tipo había sido uno de los primeros en llegar al lugar del atentado en el 93. Me llamaba desde fuera de Madrid. Hablaba muy despacio, parecía nervioso. Me dijo que había sido el jefe de uno de los primeros grupos policiales que habían llegado al lugar del atentado, el 21 de junio de 1993. Me dio su nombre y apellidos. Joder, me dio incluso el numero de identificación.

Había leído mis crónicas y me contó una historia increíble: que una ciudadana había localizado a dos terroristas del comando Madrid a principios del año 1993, les había perseguido por el paseo de la Castellana de la capital y había anotado el modelo, el color y la matrícula del coche en el que se habían montado: un Ford Fiesta rojo con placas M-0050-IX. Es decir, el mismo coche que estalló en segundo lugar el día de la masacre.

Pero es que su testimonio iba más allá, ya que identificaba -y abro comillas, “fehacientemente”- a María Soledad Iparraguirre, alias ‘Anboto’, y a Jesús García Corporales.

Tenía que hablar con él cara a cara. Reservé un coche y hotel, y me fui a verle a finales de aquel mes.

RÁFAGA (música)

Él quedó en recogerme a la puerta de mi hotel a las 9:00 horas. Vino en un Mercedes plateado, enorme. Me monté en él y comenzó un viaje surrealista por todo el norte la provincia, que duró prácticamente la mañana entera.

Durante todo el trayecto, Carlos hablaba de su vida y yo escuchaba. Poco después, fuimos por una carretera muy estrecha hasta un antiguo cruceiro encima de un monte verde. ¡Menudas vistas!

Aparcó junto enfrente de la cruz mientras empezaba a llover. Las preguntas se me amontonaban. Puse en marcha la grabadora y Carlos comenzó a hablar.

FIN PABLO CORTE: POLI CORTE VOZ DISTORSIONADA 2

“Vamos a ver, existieron dos coches, el coche bomba en sí -el Opel Corsa que causa la matanza- y luego el otro, el que usan los autores para abandonar el lugar y que queda abandonado en la calle Serrano, como a unos 500 o 600 metros del lugar del atentado. La matrícula se identifica y llega a nuestro conocimiento -del grupo- llega unos meses antes. Creo recordar que a través de una comunicación de la comisaría del distrito de Tetuán nos dicen que había una señorita que, o bien ese día o el día anterior, estaba efectuando unas compras en El Corte Inglés del Paseo de la Castellana, concretamente en la sección de supermercado, y ve a una pareja comprando quesos. Y la chica reconoce, concretamente y fehacientemente, a una mujer: María Soledad Iparraguirre Guenechea, alias ‘Anboto’, que iba con un acompañante. Por el tiempo transcurrido no me atrevo a decir si fue el tantas veces mentado compañero sentimental José Javier Arizkuren Ruiz, alias ‘Kantauri’, o bien si era Jesús García Corporales, ‘Gitanillo’. Por tanto, en cuanto al varón ya no me atrevo a asertar nada porque no lo recuerdo. Eso sí, no yerro si digo que a Soledad Iparraguirre sí que la identifica.

La joven, sigilosamente, los persigue. Ellos cruzan la Castellana, se meten en el restaurante José Luis. No sé si consumen algo o no. Sí van a una cabina telefónica y hacen uso de ella. Vuelven a salir al exterior y unos metros más adelante se suben en un coche que tenían aparcado, un Ford Fiesta de color Rojo de cuya matrícula no me acuerdo.

Al día siguiente, si no fue ese día, sé que se personaron ella y su madre en la Brigada Provincial de Información de Madrid, Grupo III, a última hora de la tarde, sobre las 20:00 horas podría ser (no me atrevo a ser más exacto porque estamos hablando de hace más de 23 años). Juraría que se les toma declaración”.

FIN CORTE: POLI CORTE VOZ DISTORSIONADA 2 PABLO

Así que teníamos el segundo coche del atentado circulando por Madrid con dos etarras a bordo unos meses antes. Y uno de los ocupantes era la sanguinaria Anboto, una histórica terrorista de ETA. El otro, García Corporales, el Gitanillo, a quien teníamos ya imputado. Con él había hablado en la cárcel de Vitoria meses antes sin tener ni idea de su implicación.

La declaración de la joven testigo desató una intensa búsqueda del vehículo por la capital en los primeros meses de 1993.

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Automáticamente, la brigada completa se echó a la calle una serie de días, de modo que cada grupo hacía recorridos por Madrid en busca de ese vehículo. De todo el mundo es sabido que los etarras no solían dejar los coches en la calle, hay que tener esto en cuenta: tenían sus lugares para ocultar los coches, independientemente de que podían disponer de varios juegos de matrículas falsas para cada uno de ellos. Igual veías un vehículo sospechosos pero cuya placa de matrícula no coincidía con la descrita por la señorita. Lo que está claro es que el choche se estuvo buscando, y no se encontró.

Cuando estábamos en el lugar del atentado, se produjo una explosión muy próxima, percibimos de hecho el estallido. A través de la radio, desde la emisora central de la Jefatura Superior, llegó a nuestro conocimiento que había estallado otro vehículo, un Ford Fiesta, etcétera. Y que estaba deteriorado, pero no tanto como para no ver la matrícula. Y ésta correspondía claramente al coche que nos había facilitado la joven. Es más: nos dijeron: “Y una de las ocupantes va herida”. Enseguida pensamos que podía ser ‘Anboto’, así que buscamos por los hospitales y al final hallamos que no era ella, sino otra persona que circulaba por el lugar en el momento de estallar el vehículo y que fue alcanzada por la explosión. Como siempre pasa, por desgracia, por efecto de las bombas además de los objetivos resultan heridas otras personas, y era el caso de esta señora.

Salimos pitando para allá, y cuando vimos el coche efectivamente todos comentamos: “Joder, el coche de la niña ésta”.

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¿Quién era esa chica? El inspector no lo recordaba. Pero su nombre tenía que estar, a la fuerza, en algún documento de la época en la que ella declaró en comisaría. Es lo lógico, ¿no?

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“La verdad es que no puedo… Bueno, puedo maliciar o imaginar pero… estamos hablando de cosas serias y la verdad es que no sé qué pudo pasar con la declaración de esta señorita. O bien si se remitió a la Audiencia Nacional, al juzgado que estuviera de guardia en ese momento… pero no lo sé, la verdad es que no lo sé”.

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Yo seguía insistiendo mientras la lluvia golpeaba sin misericordia el techo de aquel Mercedes. ¿Dónde estaba esa declaración? ¿Hay archivos en la Brigada Provincial? ¿Y en la central?

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“Cuando ocurría un atentado en Madrid, por razones de funcionalidad y operatividad de los grupos, cada uno redactaba e instruía sus propias diligencias, de las cuales el original, como es óbice, se remitía al juzgado de guardia de la Audiencia Nacional; creo recordar que una copia iba a la Fiscalía de la Audiencia; otra copia, al archivo central; otra, a la Comisaría General de Información; otra copia, al archivo de la brigada; por último, una sexta copia al archivo del grupo correspondiente.

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¿Cómo son esos papeles? ¿Qué descripción física tenían esos documentos depositados en el archivo del que fue su grupo? Y lo más importante, ¿dónde estaban? El inspector jubilado me contó cómo él mismo había protegido en su día los legajos del archivo de su grupo, que se estaban deteriorando.

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“A título personal y particular, compré unos rollos de forro de plástico, hice legajos nuevos y los forré con este material. Se trata de ese papel plástico adhesivo que se usan para forrar los libros de los niños, ¿me entiendes? De esa forma los papeles quedaban más protegidos y fortalecidos. El forro era de un color verde “pasto”. En el lomo de cada tomo iba una tira identificativa en la que se podía leer ‘ETA’ y el número del legajo”.

[…]

Sobre el año 1999 o quizá 2000, llegó un comisario a hacerse cargo de aquella brigada y como quiera que ETA se estaba haciendo “buena”, pues optó por mandar al sótano del edificio donde estaba alojada todo el archivo del grupo. Allí se fueron los legajos verdes, al menos la mayoría de ellos, tengo entendido. Y bueno, allí duermen, en ese sótano.

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A esas alturas no me quedaba más remedio que preguntarle al inspector: Si sobre el terreno, frente a los restos en llamas del atentado, tanto él como otros compañeros de su grupo caen en la cuenta de que el segundo coche del atentado es el mismo que estuvieron buscando ustedes durante un importante lapso de tiempo ese mismo años… ¿Por qué no llamaron otra vez a la joven que había localizado el vehículo e identificado a sus ocupantes?

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“Bueno, es que la ‘sorpresa’ vino una vez que dijimos: “anda, si es el coche de la niña…” ¿Volver a incidir en el tema del coche? La niña no nos iba a portar nada más. Bueno, digo niña pero era una señorita que estaba ya en la universidad…”.> […]

“No iba a aportar nada más. ¿Qué iba a decir? ¿Que el mismo coche que había explotado era el mismo que ella había visto?”

FIN CORTE: POLI CORTE VOZ DISTORSIONADA 7 PABLO

Y sin embargo, aquella niña, como la llamaba él, había realizado una identificación fehaciente de sus ocupantes, que eran terroristas del comando Madrid de ETA y, casi con seguridad, autores materiales de la masacre. Casi nada. El inspector se sentía cada vez más intimidado por mi insistencia.

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“Bueno… La verdad es que me has hecho una pregunta casi de fiscal. La verdad es que ahora mismo no recuerdo. Hasta casi me atrevería a decir que no se le volvió a tomar declaración a la señorita toda vez que…”.

FIN CORTE: POLI CORTE VOZ DISTORSIONADA 8 PABLO

Efectivamente, no se le volvió a tomar declaración porque, de otro modo, tendría que aparecer en el sumario, y ahí no hay ni una sola referencia sobre este hecho de importancia crucial. Coño, es que se pudo haber identificado a los terroristas el mismo día que mataron a mi padre. ¡Y toda esta historia se hubiera cerrado entonces!

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De los atestados se hace responsable el instructor, bajo indicaciones del comisario. El que decide que sea el instructor es el comisario. (inciso). Era el comisario el que asignada el instructor. Las diligencias las firmaba él en primer lugar.

[…]

Si aquello no se mandó a la AN o si no se mandó, cosa que me extraña… pues no sé. No lo sé. Lo lógico y normal es que su hubiera hecho, era muy claro. ¿Que a lo mejor en un primer momento no se mandó a la AN? Si hay unas diligencias iniciales, si hay una declaración de tres, cuatro meses antes, cuando la señorita identificó a los terroristas y el coche, en la Castellana, en José Luis…? Quizá todo eso estaba guardado en un cajón.

[…]

Esta señorita vio a esta terrorista y dice que son… en uno de los coches, claro, claro…

FIN CORTE: POLI CORTE VOZ DISTORSIONADA 9 PABLO

Terminamos de conversar y Carlos arrancó el Mercedes. Salimos del paraje por otro camino rural. Íbamos en silencio.

SILENCIO

Volvimos a la ciudad. Me dejó enfrente del hotel en donde me había recogido cinco horas antes. Nos despedimos con un fuerte abrazo. Yo le pedí que declarase en la Audiencia Nacional. Podía hacerlo por escrito. Él aceptó.

Y yo me preguntaba, ¿cuál sería la reacción del juez ante semejante giro?

FIN PABLO